En todas las empresas, hay momentos en los que se produce un relativo vacío de poder, ya sea por transición, por crisis, cambios corporativos, etc. Estos momentos suelen generar incertidumbre, falta de directivas, falta de feedback, sensación de primera línea de fuego, y otros síntomas que pueden paralizar la organización.
Ante este panorama, hay dos tipos de respuesta en los directivos:
- los que intentan neutralizar los síntomas parando la maquinaria ("mejor esperamos a que los nuevos responsables tomen decisiones, no sea que nos metamos en líos"), y
- los que aprovechan la situación como una oportunidad para cambiar el escenario en la dirección necesaria, preparar el terreno para futuras tomas de decisiones, avanzar los proyectos siempre dentro del marco estratégico, pero con valentía.
Estos últimos son los game-changers internos, los que el nuevo responsable identificará rápidamente como los que están claramente orientados a la acción, que no le informarán de quienes son y qué responsabilidades tienen sino que le contarán que problemas solucionan y qué retos atacan.
Si yo fuera el nuevo CEO que llega a una empresa, preferiría econtrarme con game-changers que hablan de retos y respuestas que con directivos que describen su puesto de trabajo y su trayectoria. Pero es más interesante pensar qué tipo sería en la situación descrita, si el primero o el segundo...
